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 Enrique Enrique
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jueves 16 de marzo de 2006, 00:00:00
Una Decisión Acertada
Tipo de Entrada: RELATO | 1414 visitas

El pico Rodó una de las cimas mas bonitas y abruptas de Nuria-Carança, y también una de las mas desconocidas. Tras haberlo ascendido en muchas ocasiones cuando era joven, en Junio del 2005 quise volverlo a hacer en compañía de mi mujer y un buen amigo.Desgraciadamente nuestra aventura finalizó por amenaza de tromenta cuando habíamos superdo las principales dificultades y nos encontrábamos muy cerca de la cima. Abandonar fué una decisión difícil y dolorosa, pero plenamente acertada a tenor de las posteriores circunstancias meteorológica

El pico Anyeller y el pico Rodó desde el collado d´en Bernat. Al fondo el pico del Boc
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El pico Anyeller y el pico Rodó desde el collado d´en Bernat. Al fondo el pico del Boc
En la parte central de la cresta del pico Rodó (aguller de l´Anyeller)
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En la parte central de la cresta del pico Rodó (aguller de l´Anyeller)
Destrepe aéreo antes de llegar a la brecha estrecha
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Destrepe aéreo antes de llegar a la brecha estrecha
En el muro vertical de II grado de 10 m de altura
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En el muro vertical de II grado de 10 m de altura
Volviendo de la cumbre en medio de la tormenta
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Volviendo de la cumbre en medio de la tormenta

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INTENTO AL PIC RODO (2005.06.11)

 

         Hacía muchos años que no percibía esta sensación. Un ligero cosquilleo seguido de un brusco chasquido y un relámpago cegador. Después, casi inmediatamente, el trueno... No vemos donde ha caído el rayo, pero seguro que ha sido muy cerca. Posiblemente sobre los cables del telesilla. Al momento, un nutrido grupo de turistas, que de forma imprudente se protegían del aguacero bajo la estructura metálica del mismo, abandona a toda prisa su refugio. Han tenido mucha suerte, y nosotros también... Poco después llegamos a la estación del tren cremallera de Nuria. Nuestras prendas han aguantado bastante bien el chaparrón y las partes sensibles de nuestros cuerpos están secas y calientes. Me embargan un conjunto de sensaciones contradictorias. Cansancio, alegría, decepción, algo de rabia... Seguro que las cosas hubieran sido distintas si hubiésemos cogido el primer tren...

 

Esta vez he cometido dos errores. El primero ha sido no hacer caso de la predicción meteorológica (esa por cuya culpa tantas y tantas veces nos hemos quedado en casa creyendo que llovería) El segundo es querer dormir un poco mas. Por una vez dejamos de lado nuestra máxima de que ? A quien madruga Dios le ayuda?, atrasando el despertador una hora. Esa hora fue la que nos faltó cuando estábamos cerca de la cima, teniendo que renunciar a la misma cuando prácticamente la teníamos en el bolsillo. Pero en vista de como se desarrollaron los acontecimientos, no hay duda de que fue una decisión acertada...

 

El Pic Rodó ha sido una de las montañas insignia de mi vida. Situado en la zona francesa de Carança, tiene una aproximación fácil y relativamente rápida desde el Santuario de Nuria. No es una montaña alta (sus 2645 metros quedan muy por debajo de la mayoría de cimas que le rodean), pero sí difícil y escarpada, en la que todas sus vías de ascensión son de escalada. La cresta sur, conocida como Cresta d´Anyeller, es el itinerario mas sencillo. Es una fina arista, en algunas zonas bastante estrecha, aérea y sostenida, que sin nieve tiene una dificultad de II grado. No es un terreno para emplear continuamente la cuerda, pero exige algo de experiencia, olfato de vía y un tiempo estable. Con lluvia, y sobre todo tormenta, la cresta se hace peligrosa, ya que la roca se vuelve muy resbaladiza y los vértices rocosos atraen los rayos.

 

De las ocho veces que he subido al Pic Rodó, cinco fui por la cresta sur. En las otras tres, en las que escalé las paredes norte,este y oeste, también volví por ese itinerario.La he recorrido  en verano y en invierno, con frió y con calor, rápida y lentamente... Incluso una vez vivaqueé al inicio de la misma. Claro que todo eso fue hace años, cuando era fuerte y mucho mas delgado... Mi última ascensión fue en 1986...

 

            Durante las semanas de tranquilidad que siguieron a mi operación de espalda, una de mis actividades fue ordenar viejas diapositivas. Encontré algunas de la cresta del Pic Rodó, y pensé qué sería bonito volverla a hacer. El nivel de Encarna y de los amigos que podrían acompañarme no me preocupaba, pues están acostumbrados a la alta montaña. La duda era como estaría yo.Llevar a alguien a un recorrido como la cresta del Pic Rodó exige estar seguro de uno mismo, y mis condiciones físicas y psíquicas son muy diferentes a las que tenía hace un montón de años, cuando hacía esta ruta con las manos en los bolsillos.  Como no lo tenía claro aparté la idea de mi mente. Pasaron las semanas, volvieron las excursiones y mi recuperación física y moral fue en aumento. Tras la ascensión del Cilindre d´Escobes, el Pic Rodó volvió a aparecer en escena. Ya no había nieve en las montañas, llevábamos una larga temporada de buen tiempo, teníamos la moral a tope... Había que ir, y pronto... Sería la próxima salida, el sábado 11 de Junio...

 

            Las circunstancias quisieron que sólo pudiéramos ir Joan, Encarna yo, el ya famoso trío calavera. El viernes por la tarde tenía que hacer muchas cosas y esperaba llegar a casa tarde y cansado. Sabedor de estas circunstancias, decidí que al otro día tomaríamos el segundo tren de Nuria, ya que suponía ganar una hora de sueño.

 

El sábado nos encontramos en la gasolinera de Molins de Rei a las 6.30 h. A las 8.00 h estamos en Ribas de Fresser esperando la salida del tren. Este sale a las 8.30 h, dejándonos en Nuria a las 9.10 h (1960 m). No hace frío y el cielo está cubierto de una fina capa de nubes que no resulta nada inquietante. Tras preparar las mochilas y hacer una visita a los servicios de la estación del tren, nos ponemos en marcha. Son las 9.25 h de la mañana, tenemos la moral a tope. Me he asegurado de que los tres seamos conscientes de que la aventura del Rodó es un peldaño mas en nuestra cadena de ascensiones, y que como tal podría tener un final incierto. Y de hecho lo tuvo, aunque por motivos muy distintos a los que habíamos previsto...

 

La subida hasta el collado de Noufonts transcurre sin mas incidentes que el haber de pasar entre rebaños de vacas y tiernos terneros. Con paso regular y algo mas rápido de lo habitual, Joan tira del grupo, haciéndonos remontar de un tirón el largo valle hasta el pie de la subida final (10.35 h, 2480 m). Allí hacemos una parada para desayunar y coger agua de las surgencias o Noufonts que dan nombre al collado y a la enorme cima que lo domina desde el oeste. La parada se prolonga durante veinticinco minutos. A diferencia de lo que es habitual apenas hablamos. Como si veláramos las armas, nos limitamos a comer, descansar y contemplar el valle por donde hemos subido y la enorme mole del Puigmal que tenemos enfrente. En el ambiente flota la sensación algo tensa y trascendental que precede a aquellos acontecimientos que no tenemos totalmente bajo control, pero que deseamos que ocurran...

 

            A las 11.00 h volvemos a ponernos en marcha. La carga de las mochilas ha aumentado con el peso del agua, y el cuerpo lo nota. La subida hasta el collado es corta pero dura. Con una diagonal directa y sin lazadas el camino recorre la pedrera que cubre la última pala del valle con una traza de paso, clara, evidente, y sin posibilidad de pérdida. Tomamos aire, ponemos la reductora y empezamos a subir. Chino chano, sin ninguna prisa pero sin parar, vamos ganando metros por esta ladera. Remontar sus cerca de ciento ochenta metros de desnivel nos lleva veinte minutos. A las 11.20 h alcanzamos los 2840 m del collado de Noufonts, en un punto situado a una veintena de metros de la histórica cabaña donde tantos montañeros han pasado noches en duermevela.

 

Una brisa suave y algo fría que sopla del norte nos ayuda a salir del sopor del ascenso que acabamos de realizar. Ante nosotros se abren hacia el norte los maravillosos paisajes de Carança. Los dos picos dels Racons, el Noufonts, la carena que sube hacia Noucreus... Montañas luminosas que combinan los tonos grises de la roca con el marrón de la tierra y el verde de la hierba. Al otro lado del collado se inicia un pequeño valle (la Valleta Seca) que entre pedreras, zonas de hierba quemada y algún escuálido nevero desciende suavemente hacia el noroeste. A la izquierda (S) de la misma se yergue la amplia vertiente noreste del pico del Noufonts, cuya    linea divisoria con la cara norte forma un cordal que finaliza en un pequeño collado (Coll d´en Bernat). Mas allá del mismo, hacia el norte, se eleva cercana y unos pocos metros mas arriba, la cima pedregosa y color ocre del pico d´Anyeller. Esta no es mas que la primera punta de una cresta casi horizontal que continúa hacia Francia, y que tras pasar varias brechas, finaliza en una cima de forma cónica de hierba y tierra, que desde el collado de Noufonts pasa bastante desapercibida. Es la cumbre del Pic Rodó, nuestro objetivo de hoy.

 

            Por el collado de Noufonts pasa la senda que recorre la Olla de Nuria. Hacia el noroeste esta sube a la derecha de la cresta este del Pico de Noufonts, alcanzando la cima después de salvar mas de doscientos metros de desnivel por terreno pedregoso. El recorrido parece corto, pero las figuras diminutas de unos excursionistas que suben hacia la cima revelan las dimensiones reales de la montaña. Al otro lado del collado (S-E), la misma senda se eleva por el cordal hasta alcanzar una primera elevación, a partir de la cual el avance hacia el pico y collado de Noucreus ocurre por un lomo horizontal con pequeñas subidas y bajadas.

 

Además de la de la Olla de Nuria, del collado de Noufonts salen otras tres sendas.  La primera, prácticamente sin marcar, se dirige al norte en busca de la vía normal de los picos dels Racons. Tras descender a la parte superior de la Coma dels Racons, se encarama con algún paso difícil por la abrupta pendiente situada bajo del Pas del Porc, donde se inicia la cresta sur del Raco Gran. La segunda baja hacia Francia por la Valleta Seca. La tercera traza una larga diagonal por la cara N-O del pico Noufonts en busca del Coll d´en Bernat. Por ahí hemos de seguir.

 

Permanecemos en el collado de Noufonts unos minutos que invertimos en relajar las piernas, contemplar el paisaje y observar el cielo. El aspecto del mismo no ha cambiado mucho de cuando iniciamos la excursión en Nuria. Se mantiene la fina telaraña de neblinas que se alterna con algunas zonas de claros. Hacia el norte aparecen algunas nubes mas densas, pero no nos inquietan pues parecen lejanas y poco extensas. Pienso que una vez mas los meteorólogos se han equivocado en su predicción de tormentas en los Pirineos, y me alegro de que, por una vez, hagamos hecho caso omiso de sus malos augurios. Pero como dice el refrán, ?nunca digas zape hasta que haya pasado el último gato...?A tenor de lo que vino después, mas que gato era león, y de los grandes...

 

Tras cruzar cuatro frases con otro grupo de excursionistas que descansaba en el collado, iniciamos nuestra andadura hacia el Coll d´en Bernat (11.25 h). El camino en diagonal, primero baja y después sube, alcanzando el cordal NE del Noufonts unos metros por encima del collado donde nos dirigimos. Me detengo una veintena de metros antes de llegar al cordal. Aquí la ladera se desploma hacia la Valleta Seca con fuerte inclinación durante mas de cien metros de desnivel. En silencio observo la pendiente hacia abajo y recuerdo...

 

Fue en el invierno del 1976. Yo tenía 17 años y Santiago 18. Por aquel entonces trabajaba de meritorio (que nombre tan gracioso) en una agencia de publicidad situada en la calle Balmés esquina Gran Vía. Cartera en mano, cada día atravesaba Barcelona para cobrar recibos, llevar encargos o realizar gestiones varias. El dinero que me daban para transportes me lo guardaba e iba a todas partes corriendo, lo que representaba a la vez un sobresueldo y un excelente entrenamiento para ir de excursión. El sábado trabajaba hasta las 13.30 h. Aquel fin de semana quedé con Santiago para intentar el pico Rodó. Habíamos subido la cima el otoño anterior, conocíamos la cresta de la vía normal y nos atraía la posibilidad de hacerla en condiciones invernales. Fui a trabajar con la mochila, plegando puntualmente de la oficina para ir a la estación de Renfe de la Plaza Cataluña donde había quedado con mi amigo. A las 14.25 h salía el tren que había de llevarnos hasta Ribes de Freser, donde tomaríamos el viejo ?Carrilet? que subía al santuario de Nuria.

 

En 1976 los desplazamientos en tren eran tan lentos como incómodos, y los de ?Carrilet? de Nuria aún mas. Tras un viaje lleno de avatares llegamos a nuestro destino algo antes de las 22.00 h. Había mucha nieve, la temperatura era muy baja y teníamos un hambre felina. Así que tranquilamente bajamos a la cantina, y mientras nos preparaban un café con leche, nos zampamos una suculenta cena, que en mi caso consistió en una lata de 1 Kg de tomate en conserva mezclada con otras de atún y anchoas y una enorme cebolla. Esta maravillosa ensalada la acompañaba con medio kilo de pan. De postre frutos secos, galletas y el susodicho café con leche.Tras tamaño trallazo de combustible mi cuerpo quedo listo para cualquier cosa...

 

Eran mas de las 23.00 h cuando empezamos a caminar en una noche estrellada pero sin luna. Nuestro equipo era algo distinto del que gastamos ahora. Pantalones ?rochetores? de lana, polainas, camisa a cuadros de franela, guantes y calcetines de lana, botas de caña alta de cuero, linterna frontal con pila de petaca, piolet de mango de madera,crampones de 10 puntas... En la mochila el saco y el anorak de plumas, un plástico, una cuerda de 9 mm y 40 metros, abundante material de escalada, fogón, comida y bebida... Mas o menos 15 kilos de peso. Una pasada. Pero éramos jóvenes, fuertes y nuestra moral e ilusión a prueba de bombas.

 

La subida al collado de Noufonts fue larga y dura.La nieve era profunda y en muchas zonas nos hundíamos hasta casi la cintura. Abrir traza en esas condiciones era agotador y continuamente nos relevábamos en cabeza. Finalmente, tras muchas horas de esfuerzo llegamos al collado. Queríamos dormir en la cabaña que hay en el mismo, pero estaba llena de nieve. Contrariamente a la que encontramos en la subida, al otro lado del collado la nieve estaba dura, permitiendo avanzar con rapidez. Así que decidimos continuar y vivaquear en el Coll d´en Bernat. La temperatura era gélida, estábamos cansados y teníamos prisa y necesidad de dormir. El flanqueo hasta el collado era corto, la nieve no parecía excesivamente dura y creíamos poder pasar sin crampones. A oscuras y en esas condiciones no apetecía nada calzarse los pinchos...

 

Santiago iba delante, abriéndose paso en la superficie helada a base de tallar pequeños escalones con el piolet que después intentába agrandar dando fuertes patadas con las botas. Yo le seguía apoyando los pies en las mismas. Al principio la cosa fue bastante bien. La nieve se dejaba hacer y cubrimos buena parte del largo flanqueo bastante rápidos. Pero cuando estábamos cerca del cordal noreste del pico Noufonts, la pendiente aumentó y la nieve se hizo mas dura. Ahora las huellas no eran mas que leves marcas donde apenas cabía la punta de la bota. A duras penas el piolet nos permitía mantener un precario equilibrio, que se hacía casi imposible cada vez que nos movíamos. El miedo se palpaba en la negra noche y me atenazaba cada vez mas. Maldecía la hora en que decidimos no ponernos los crampones (algo que ahora era imposible), a la vez que lanzaba una mirada agónica hacia delante donde Santiago, que parecía ir mejor que yo, me había tomado unos metros de ventaja. De repente la luz que me precedía se giró y oí a mi amigo decirme que había llegado al cordal, y que allí la nieve estaba mejor. No mas de veinte metros me separaban de la salvación. Pero en aquellos momentos esa pequeña distancia me parecía eternamente larga...

 

No se cuantos pasos di antes de que resbalara el pie, ni como ocurrió el percance. Lo cierto es que de repente empecé a deslizarme por la pendiente helada. Bajaba de lado y a velocidad creciente. Intenté autodetenerme clavando el piolet, pero fue en vano. Lo perdí y seguí mi loca y descontrolada carrera por la ladera. Por suerte conservaba el frontal, que no se por que llevaba en la mano. Gracias a el podía ver unos metros por delante, dándome la oportunidad de dirigir ligeramente la trayectoria de la caída y esquivar algunas rocas. Recuerdo que Santiago dijo que todo pasó muy rápido y casi en silencio. Pero a mi se me hizo eterno... El tiempo ha borrado buena parte de mis impresiones y pensamientos de aquella caída. Pero aún recuerdo aquella extraña sensación de miedo, serenidad y aceptación con la que esperaba que, de un momento a otro, me precipitara por algún cortado. Nada podía hacer para impedirlo...

 

Tuve suerte. La pendiente era inclinada pero continua, y buena parte de los roquedos estaban cubiertos. Me detuve sin un rasguño cien metros mas abajo, en una zona poco inclinada y cubierta de nieve blanda. No se que hice, ni lo que dije, ni el tiempo que paso antes de que Santiago llegara hasta mi. Curiosamente, mi principal preocupación era haber perdido el piolet, por lo que mi alegría fue enorme cuando Santiago me lo entregó. Lo había encontrado clavado en la nieve mientras bajaba siguiendo el rastro de mi caída. Se había calzado los crampones, y a pesar de la nieve dura y de la fuerte pendiente, había bajado por la ladera rápidamente y sin problemas...

 

Así concluyó nuestro primer intento invernal al pico Rodó. En el mismo lugar donde finalizó mi caída, hicimos un pequeño hueco en la nieve y montamos el vivac. A pesar del intenso frío y de que nuestros sacos no eran nada del otro mundo (el de Santiago era casero y llevaba un relleno de plumas de gallina) dormimos de un tirón. Mientras tanto el tiempo cambió. Aparecieron las nubes, se levanto el viento y empezó a nevar. Por la mañana, al sacar la cabeza del saco nos encontramos con que nosotros y nuestras cosas habíamos desaparecido bajo una gruesa capa de nieve polvo. Ponernos en marcha no fue fácil. No tuve la precaución de guardar las botas en la mochila, y una de ellas se heló estando medio cerrada, de forma que no podía calzármela. Tras muchos esfuerzos por descongelarla, y cuando ya me resignaba a volver a Nuria con el pie envuelto en bolsas de plástico, se nos ocurrió la solución. Uno tras otro orinamos en el interior de la bota consiguiendo que el cuero se ablandara lo suficiente como para poder meter el pie. A grandes males...

 

El retorno a Nuria fue una epopeya. Niebla, nieve profunda, frío, ventisca, cansancio, pies y manos heladas... Tardamos una eternidad en recorrer la parte superior de la Valleta Seca y alcanzar el collado de Noufonts. Seguidamente vino una eterna bajada hacia el Santuario...

 

Después de esta aventura podría pensarse que borramos el pico Rodó de nuestra lista, pero no fue así. Dejamos pasar un año, y al invierno siguiente volvimos a intentarlo. Esta vez no hicieron falta los crampones, aunque los llevábamos bien a mano por si era necesario ponérnoslos. Tuvimos suerte. En una jornada memorable de 18 horas seguidas sin parar a dormir, realizamos la travesía N-S de la cima. Finalmente nos salimos con la nuestra, y yo me reconcilié con el flanqueo que lleva del collado de Noufonts al Coll d´en Bernat.

 

            Un golpe de aire me devuelve a la realidad. Contemplo los picos de l´Infern y Bastiments a través de la escotadura del Coll del Porc, y les hago una fotografía. Echo una última mirada hacia la pendiente, ahora pedregosa y con resaltes de roca, por donde caí hace años. Realmente una estúpida imprudencia ir sin crampones. Y cuanta suerte tuve... Después reanudo la marcha y recorro los escasos metros del camino que me separan del cordal N-E del pico Noufonts.

 

            Desde el cordal NE del pico Noufonts la vista del Pic Rodó es poco impresionante. La parte mas recortada de la cresta queda desdibujada y se confunde con las paredes del casquete rocoso que soporta la cima. Miro de reojo a mis acompañantes y no los veo nada preocupados. Mejor que sea así. La senda baja por el cordal hasta el Coll d´en Bernat (2616m, 11.50 h), que está ocupado por un pequeño resto de nieve.

 

Abandonamos el camino y seguimos a toda cresta hacia el norte. Una trepada fácil y nada obligada nos lleva hasta el cercano pico d´Anyeller (2633 m, 11.55 h). Hacemos una parada para contemplar el paisaje, que es tan bonito como espectacular. Al sur la abrupta vertiente norte del pico Noufonts, temible en invierno por los aludes. Al este los picos dels Racons, con su larga cresta de aspecto afilado que, sin embargo, apenas presenta dificultades. Al oeste la cresta dels Llosars, que de norte a sur pasa por las cimas de los picos del Boc, de la Conca, Torre d´Eina y Eina, una bella y clásica cabalgada que se hace muy de tanto en tanto. Y al norte tenemos nuestro Pic Rodó, cuya cresta sigue sin mostrarse debidamente.

 

Tras tomar unas fotografías,describir el panorama a mis acompañantes y explicarles el recorrido que vamos a hacer (siguen sin mostrarse impresionados),bajamos unos metros de cresta hacia el norte. Enseguida llegamos a un pasillo de hierba que queda protegido por bandas rocosas situadas a ambos lados. Aquí vivaqueé la primera vez que subí a esta cima, y aquí será donde dejaremos las mochilas a fin de poder escalar la cresta mas descansados y con mas comodidad y rapidez. Dejamos los pesados fardos en el suelo y sacamos el material de escalada. Salen a escena la cuerda de 50 metros, arneses, mosquetones, cintas, un ocho y tres empotradores. Observo a Encarna mientras se coloca mi viejo arnés de cuerpo entero, que curiosamente llevaba puesto cuando realicé mi primera ascensión al Pic Rodó. Ahora no lo llevo porque se me ha quedado pequeño, y no porque haya encogido...

 

A las 12.10 h ya estamos listos para iniciar el recorrido de la cresta. Llevamos puestos los arneses con un mosquetón de seguridad. Así será fácil y rápido montar una tirada de cuerda en caso de ser necesario. La dificultad de la cresta es baja, y no creo necesario ir encordados. Aunque, si no me falla la memoria, hay cuatro zonas en las que podría ser necesario emplear la cuerda, que de momento llevo atada a la espalda.

 

Antes de empezar, miro a mis compañeros y después al cielo. Los primeros, poco acostumbrados a esta guisa de montajes, ponen caras de circunstancias. El segundo parece que está cambiando. Las nubes blancas y compactas que hasta hace poco aparecían dispersas y lejanas, empiezan a juntarse y se aproximan hacia nosotros. Por si fuera poco, densas columnas de niebla que parecen salidas de la nada empiezan a cubrir las zonas cercanas al collado de Noufonts. Noto una sombra de temor que enseguida aparto de mi cabeza. En el cielo el color azul aún gana por goleada, y en caso de que la cosa se enmierde, no lo hará en menos de dos o tres horas. Tiempo suficiente para ir y volver de la cima, espero...

 

            Empezamos el recorrido de la cresta por una zona casi horizontal de hierba y piedras por donde se va caminando. Alcanzamos una primera elevación tras la cual encontramos unos metros de trepada fácil por rocas compactas. Llegamos al borde de una ancha brecha (Brecha de las Rocas Blancas). La pared que baja directamente hasta la misma tiene una veintena de metros de altura y está muy descompuesta. Una clavija clavada en el suelo atestigua que hemos llegado al primero de los puntos donde preveía la posibilidad de asegurar con cuerda a mis acompañantes. Pero pienso que no será necesario. Retrocedemos un poco y descendemos una docena de metros por la pared de la derecha (E). El paso no es difícil (I-II) pero sí delicado por el estado de la roca, poniendo a prueba nuestros nervios. Superado el escollo, alcanzamos la brecha con un flanqueo descendente por pequeñas terrazas de hierba.

 

            Mas allá de este primer escalón de la cresta (que resultará ser el tramo mas expuesto de la misma),una leve traza de senda nos lleva por la vertiente este de la misma, esquivando una zona rocosa y vertical. Pronto volvemos al filo de la arista, que en adelante se vuelve estrecho y aéreo, sobre todo por el lado este donde presenta una caída de mas de trescientos metros sobre las pedreras de la Valleta Seca. Este tramo, conocido como la Agulles de l´Anyeller, es mas impresionante que difícil. Progresamos por el mismo filo de la cresta, prestando atención a los asideros para las manos y los apoyos para los pies. Encarna y Joan siguen mis pasos e indicaciones con gran diligencia, avanzando los tres a la vez sin ningún incidente. Mi felicidad sería completa si no fuera por el dichoso cielo, que cada vez esta mas cubierto por las nubes.

 

            Alcanzamos el borde de un nuevo escalón que desciende bruscamente a una brecha muy estrecha. La visión de la misma es preocupante, pues la pared del otro lado, de unos 8 metros de alto, se ve vertical y difícil. Una vieja cuerda anudada indica que debe subirse por una fisura algo desplomada. El paso, graduado en las guías de III, es el mas difícil de todo el recorrido y no me considero preparado para afrontarlo de primero, algo que ya sabía. Mis compañeros me miran preocupados, pero les digo que tranquilos, que todo tiene remedio. De momento aún hemos de bajar hasta la brecha...

 

            El descenso es aéreo, estrecho y algo delicado. En algún punto los apoyos están mal colocados y obligan a hacer movimientos un tanto extraños para poderlos alcanzar. Pero con cuidado pasamos sin problemas. Una vez en la brecha se confirman nuestros temores. El paso de la cuerda es demasiado expuesto y vertical para nuestros pobres cuerpos. Pero se que hay una alternativa. Desciendo hacia el oeste unos pocos metros y me sitúo al pie de un muro  vertical de algo menos de 2 metros de altura, que finaliza en una pequeña repisa. El tramo es algo aéreo, y aunque desde abajo no lo parece, los apoyos para las manos y los pies son buenos. Con una pequeña flexión supero fácil y rápidamente el pequeño muro y alcanzo la repisa. Encarna y Joan siguen mis pasos con mas miedo que problemas. Después seguimos hacia arriba, por una pared de

una decena de metros de altura cuya principal dificultad es no dejarse impresionar por el cortado que se abre a nuestras espaldas. Así, mucho antes de lo que esperaban mis acompañantes, volvemos a erguirnos sobre el filo de la cresta, dejando atrás el paso de la brecha estrecha.

 

            Seguimos caminando por la cresta fácil y aérea. Primero horizontalmente, después en descenso. El cielo sigue medio cubierto, pero además, ahora cae alguna gota de cuando en cuando. Este tramo acaba bruscamente en el borde de un nuevo escalón. Su punto débil está a la derecha (NE),donde forma una corta pared vertical con algunos apoyos, por donde puede bajarse. El paso no es largo (unos diez metros de altura), ni difícil (II), pero la prudencia aconseja asegurarlo.  En un periquete saco la cuerda de la espalda y monto una reunión en una clavija clavada en la roca, por la que paso algunas cintas y un mosquetón. Después me aseguro y ato a mis sufridos acompañantes, de los que no sabría decir si están mas preocupados por la pared o por el cielo. Todo queda instalado en pocos minutos y a punto para que comience la función...

 

            La primera en bajar es Encarna. Al principio no encuentra el buen paso y sus movimientos son algo torpes. Pero una vez puesta en el asunto baja rápidamente y sin problemas. Después le llega el turno a Joan. Sin dudarlo, se lanza pared abajo sin ningún temor, deslizándose mas que destrepando. No tiene mucho estilo, pero se ha de reconocer que es efectivo. Alcanza la base de la pared enseguida y sin ningún contratiempo. Por último me toca a mí. Mi idea inicial era bajar sin asegurar, pero tras pensarlo mejor, paso la cuerda por el mosquetón que actuará de polea, y hago que mis compañeros la vayan soltando desde abajo. Curiosamente, a mitad de pared tengo algún problemilla en un paso bastante largo donde no encuentro puntos de apoyo para los pies. Superado este tramo el destrepe está ?chupao? y enseguida me reúno con mis secuaces.

 

            Con este muro finaliza la zona mas dificultosa del recorrido. Son las 11.55 h. Desde el lugar donde dejamos las mochilas hemos tardado cuarenta y cinco minutos. Un horario discreto, pero mucho mejor del que esperaba realizar. Asimismo, la travesía de la cresta ha ido muy bien. Yendo poco a poco pero sin detenernos, disfrutando de la trepada y sólo empleando la cuerda en este último tramo. Por todo ello me siento contento y satisfecho. Pero mi felicidad sería completa si el tiempo no estuviera tan raro. Y es que siguen cayendo gotas irregularmente, a la vez que el cerco de nubes parece cerrarse cada vez mas...

 

            En adelante, el recorrido es fácil. La cresta como tal ha terminado, y el ascenso se desarrolla por canales y espolones de roca y hierba. La cima parece lejana, pero sólo es un efecto óptico. Si la memoria no me falla hasta la cumbre no hay mas de veinte o veinticinco minutos que en buena parte se caminando. Esperemos que el cielo aguante...

 

            Para ir mas deprisa dejamos la cuerda colocada en el paso del muro. Además así será mas fácil subirlo a la vuelta. Seguimos adelante, atravesando una ancha brecha de hierba y piedras. Después enfilamos una arista de rocas inestables, que nos lleva hasta un espolón herboso que se dirige a uno de los bastiones rocosos que preceden al cono de la cima. Ahora hemos de bajar por la derecha hasta una canal, por donde, con un tramo de trepada fácil, se sube hasta un hombro. Desde allí hasta la cima solo hay quince minutos, como mucho...

 

            Cuando me dispongo a bajar a la canal, el goteo se convierte en fina llovizna. También oímos algún trueno lejano.Me detengo a reflexionar que hacer. Se que la decisión es sólo mía, ya que los otros confían en mi juicio y experiencia. Bonita papeleta. Pero así son las cosas. Si resuelvo continuar la responsabilidad de lo que ocurra será toda mía, y si no lo hago también...

 

            Es difícil describir con palabras los muchos pensamientos que pasan por mi mente en pocos segundos. Cálculos de tiempos, probabilidades de que la cosa empeore, evaluación de riesgos... Busco un motivo concreto y cuantitativo que justifique continuar hacia la cima.Pero la posibilidad de que nos sorprenda la tormenta en mitad de la cresta, y los problemas y riesgos que esto supone, anulas todas las otras consideraciones. Dicen que la decisión mas difícil de tomar es la de retirarse, y mas si la cosa no esta clara. Si nos encontráramos en una cima en la que la vía de descenso no fuera complicada seguro de que seguiríamos para arriba. Pero aquí se ha de volver por el mismo camino que hemos venido, y no es el mas indicado para que te coja la lluvia, o aún peor, la tormenta. Por otro lado, me sabría muy mal retirarnos y que todo quedara en una falsa alarma. Sería una verdadera putada. ¿Qué hacer? Por mas que pienso no consigo verlo claro.

 

            Pido a Encarna y Joan que me esperen mientras yo bajo a la canal con la intención de reconocer el tramo rocoso que hay mas arriba. A medio descenso la lluvia se hace mas intensa y vuelve a sonar el trueno, por suerte aún lejano. Es la señal que esperaba. Con todo el dolor del alma comunico a mis compañeros que nos volvemos para atrás. Son las 13.10 h.

 

El retorno por la cresta es mas fácil y rápido de lo esperado. El muro de 10 metros lo subimos mucho mejor que bajamos y el descenso a la brecha estrecha, que tanto preocupaba, se realiza sin ningún incidente. Trepamos con un ojo puesto en las rocas y el otro en el cielo. Este al principio parece que se quiere arreglar, cesando la lluvia y hasta volviendo a salir el sol. Pero pronto la cosa vuelve a cerrarse. Con todo persiste la duda de si habríamos tenido tiempo de llegar hasta la cima y retornar por la cresta antes de que rompiera a llover. Como si el que maneja los hilos del clima nos hubiera leído el pensamiento, suena el trueno y empiezan a caer gotas con gran intensidad. Por fortuna, en ese momento estamos finalizando el ascenso del primer escalón, por lo que las dificultades se han quedado atrás. En pocos instantes el ambiente se ennegrece, las nieblas se apoderan de las montañas que nos rodean y todo queda mojado y resbaladizo. Por suerte los pocos pasos de trepada son sencillos.

 

            A las 13.40 h llegamos al lugar donde dejamos las mochilas en medio de una intensa granizada y un baile de truenos. Los tres estamos de acuerdo en que abandonamos en el momento justo. Recorrer la cresta con semejante tormenta hubiese sido, como poco, complicado.

Sin prisas (con el largo tramo que nos queda por hacer no tiene ningún sentido correr) tomamos algo de alimento líquido, montamos las mochilas, las protegemos con la funda antilluvia y nos las cargamos a la espalda.

 

Son las 13.50 h cuando iniciamos el ascenso del pico Anyeller. Enseguida alcanzamos la cima, donde no nos detenemos. Ha cesado la precipitación. Aprovechamos esta tregua para recorrer el corto tramo de cresta que nos separa del Coll d´en Bernat. Las placas rocosas están muy resbaladizas y nos complican la vida mas de la cuenta. Tras algunos intentos que están a punto de acabar mal, decidimos bajar y esquivar la cresta por unas viras herbosas.  A las 14.00 h llegamos al Coll d´en Bernat. La tormenta vuelve a la carga. Pero a partir de ahora iremos por camino. Por lo que a nosotros respecta, ya pueden caer chuzos de punta...

 

            El largo retorno a Nuria transcurre sin mas incidencias que la lluvia, el granizo, los relámpagos y los truenos. Por suerte, la tormenta es irregular, alternándose tramos de fuerte precipitación con otros en los que o no llueve o cae una fina llovizna. Nos lo tomamos con calma, haciendo numerosas paradas para admirar el espectáculo de las fuerzas de la naturaleza desatadas sobre la montaña. A pesar de intentarlo en repetidamente, no consigo fotografiar los relámpagos, tan espectaculares como amedrentadores, que nos acompañan durante la caminata.

 

En el collado de Noufonts paramos para comer. Pensábamos que habríamos de guarecernos en su mítica cabaña, pero cesa la lluvia y podemos hacerlo cómodamente sentados en una rocas. La parada se alarga mas de media hora, tiempo en el que vaciamos las existencias de comida que quedaban en la mochila. También nos encontramos con dos excursionistas que, cubiertos con las capas antilluvia, están haciendo el recorrido de la Olla de Nuria. Según nos dicen necesitaron cerca de tres horas en subir al Puigmal, y desde esa cima llevan andando cinco horas. Están cansados y calados hasta los huesos. Nos explican que en el tramo que une los picos de Finestrelles, Eina y Noufonts no lo tenían claro por la tormenta y la niebla. Pero hasta el collado de Noucreus donde finaliza el recorrido solo les queda una hora de marcha, y se muestran animados. Nos despedimos y reemprenden su lenta marcha cordal arriba. Mientras tanto, nosotros nos preparamos para reemprender el descenso.

 

            El último tramo del descenso es apoteósico. Como si quisiera impedirnos llegar a nuestro destino, la tormenta aumenta su furia a medida que nos aproximamos a nuestro destino. La cortina de agua y granizo se hace muy espesa y la intensidad y estruendo de los rayos se hace intimidatorio. Llegando a la explanada herbosa donde esta la estación inferior del telesilla ocurre el incidente descrito al inicio del relato. Un par de minutos mas tarde cruzamos la vía del tren cremallera y entramos en la estación de Nuria. Son las 16.00 h. Estamos mojados, pero no tanto como cabría esperar después de aguantar mas de dos horas de tormenta de irregular intensidad.

 

            Habremos de esperar cerca de una hora para tomar el próximo tren. Durante todo este tiempo, así como en buena parte del viaje de retorno a casa seguirá el recital de rayos, lluvia y granizo. La tormenta extiende su efecto hasta Vic, desplazándose amenazadoramente hacia el sur. Por la radio hablan de precipitaciones de 70 a 100 l/m2 caídas en poco tiempo. Sin duda la decisión de retirarnos fue la correcta.

 

            Esta vez no hay nada que reprochar a los meteorólogos, pues anunciaron correctamente lo que iba a ocurrir. La predicción fue tan buena que incluso dijeron que las tormentas serían muy fuertes y que caerían a partir del mediodía. Fui yo quien la cagó al no tener en cuenta el tiempo que se anunciaba, y al decidir salir mas tarde. Para una ascensión como el Pic Rodó debería haber esperado a un día con tiempo estable, o al menos haber salido mas pronto y tomar el primer tren. Eso nos habría dado una hora de adelanto, que es la que nos faltó para subir y bajar la cima.  Pero que le vamos a hacer. Quien iba a pensar que precisamente hoy la previsión sería tan acertada...

 

            El abandono cerca de la cima del Pic Rodó nos da pié a volver para acabar lo que dejamos casi finalizado. Espero que sea pronto, y que no ocurra como en otras cimas en las que hubieron de pasar años antes de poder completar su ascensión. Y algunas aún esperan...

 

            Las posibilidades de la zona de Carança son inmensas. Podría trazarse un itinerario circular de dos días, que combinara la ascensión de algunas otras cimas como la Torre d´Eina, o el Noufonts, con la del Pic Rodó. Sería fantástico vivaquear en los alrededores del pico d´Anyeller, y al otro día, bien descansados, recorrer la cresta tranquilamente y desayunar tranquilamente en la cima. Un sueño que espero no tarde en hacerse realidad...

 

 

Excursión realizada el 11 de Junio del 2005 por Encarna, Joan y Enric

Cartografía:?Puigmal- Vall de Nuria-Ulldeter?, 1:25000, Ed.Alpina, (2002)

Relato acabado de escribir el 2005.06.19

Texto y fotografías: Enric García

 




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